Navegante

19-05-2009 11:06:43

Conociendo a un mito


Goleta

 

No podía continuar esta serie de artículos dedicados a los clase J sin rendir un merecido homenaje a aquella primera goleta que revolucionó el mundo de la vela. Ahora es el momento de detenernos a contar su historia.

 

En otoño de 1850 comenzó la construcción de la goleta “América” en el astillero de William H. Brown, al final de la calle 12, en el East River. Diseñada por George Steers of Great Neck fue construida en madera, lo mismo que sus dos mástiles. Tenía 31 metros de eslora total y 27 en la línea de la flotación, 7 metros de manga y 3,5 de calado. Su superficie vélica era de 490 metros cuadrados y el desplazamiento alcanzaba las 146 toneladas. El bauprés sobresalía unos 6 metros de la proa, lo mismo que botavara de la mayor respecto de la popa.

 

Aunque la entrega estaba prevista para el 1 de abril de 1851, los trabajos concluyeron un mes mas tarde. Era el momento de realizar las pruebas de navegación, compitiendo con el “María”, que dieron resultados satisfactorios. Finalmente, el 21 de junio de 1851, la “América”, emprendió viaje con destino a Le Havre, a donde llegaría en 20 días y 6 horas, tras haber recorrido 3.200 millas, en las que hubo de todo, calmas, nieblas, vientos favorables y contrarios, pero al mando del Capitán Brown consiguió siempre buenos promedios. Para esta dura y larga travesía no se utilizaron las velas construidas para la competición, sino otras más resistentes para soportar los violentos vientos del Atlántico.

 

El 12 de julio a las 10 de la mañana la goleta atracaba en Le Havre, en donde entró en dique seco, para limpiar fondos, recobrar fuerzas, efectuar algunos retoques y cambiar las velas por otras mas ligeras de algodón, mas aptas para la competición. De esas velas y del aparejo general de barco volveremos a hablar en una próxima entrega.

 

Pero aquella goleta, inspirada en los barcos de los prácticos de Nueva York (pilot boat), sorprendió a los expertos desde el primer momento que llegó a Europa. Era pura alta tecnología. Su pequeñez, su proa fina e invertida, como un clíper, su enchapado de estaño, la cuaderna maestra situada muy atrás, la popa redonda y alzada, la pronunciada inclinación a popa de sus mástiles, sus inmensos foques y trinquetes, las velas de paños de algodón verticales unidas a los mástiles, no se habían visto jamás. Todo contrastaba con los clásicos y pesados barcos ingleses. Su comportamiento durante aquel verano de 1851 influiría en los diseñadores británicos durante más de 25 años.

 

Pese a su éxito, la “América” comenzaría un largo periplo por diferentes astilleros repleto de nuevos propietarios,  cambios de nombre y múltiples modificaciones. El 1 de septiembre, al poco tiempo de alzarse con esa histórica victoria, se vendió a Lord John de Blaquiere, que compitió con ella en escasas ocasiones antes de venderla en 1856 a Henry Montagu Upton que, aunque no regateara con ella ni la pudiera mantener, si le cambiaría el nombre por el de “Camilla” y posteriormente vendiéndola en 1858 a Henry Sotheby Pitcher.

 

Pitcher,  que era un constructor naval de Gravesend, la reconstruyó y revendió en 1860 a Henry Edward Decie, que la devolvería de nuevo a los Estados Unidos. Ese mismo año Decie la vendió a los Estados Confederados para su uso como bloqueo en la Guerra Civil americana, permaneciendo como su capitán. Durante ese tiempo pudo haber sido renombrada como “Memphis”, pero los detalles son confusos. En 1862, la barrenaron en Jacksonville cuando las tropas de la Unión tomaron la ciudad.

 

La

 

Sin embargo, la repararon, armaron con un cañón de bronce y la rebautizaron de nuevo como “América”, sirviendo del lado de la Unión también como bloqueo hasta el final de la contienda. Después de la guerra la utilizaron como nave de entrenamiento en la Academia Naval de los E.E.U.U. En 1866 Edward A. Burgess, que ganaría como diseñador tres veces la America's Cup en 1885, 1886 y 1887, introdujo algunas modificaciones.

Tras muchos problemas, volvería a regatear en 1870, primera "America's Cup", y última regata de flota de la historia de la competición hasta los Louis Vuitton Acts de la 32ª America's Cup. La “América” terminaría en cuarta posición en 1870, por detrás del “Magic”, un futuro ganador de la copa, y por delante del “Cambria”, el Challenger británico de James Ashbury, que terminaba en octava posición.

 

La

 

La “América” permanecía en la marina americana hasta 1873, cuando fue vendida por 5000 dólares al General Benjamin Franklin Butler, un veterano militar de la guerra civil, que la utilizo y mantuvo en perfecto estado hasta su muerte en 1893, cuando fue heredada por su hijo Paul. Éste, al no tener ningún interés en ella, se la dio a su sobrino Ames Butler en 1897, que le haría tantas modificaciones que 20 años más tarde su estampa no tendría nada que ver con la que le había hecho tan famosa, además de dejarla en mal estado.

 

En 1917 fue vendida a una compañía dirigida por Charles H.W. Foster y en 1921, gracias a E. Jared Bliss, pasaría al fondo de restauración que llevaba su nombre y que, a su vez, la donó a la Academia Naval de los E.E.U.U. en Annapolis. Allí no se realizó ningún mantenimiento y lógicamente su estado fue siendo cada vez peor incluso antes de 1940. El 29 de marzo de 1942, tras una tempestad de nieve caída el domingo de Pascua, se derrumbó el almacén donde permanecía abandonada y tres años más tarde, en 1945, los restos del almacén y del barco finalmente fueron desechados y quemados.

 

Desde su botadura el 3 de mayo de 1851 hasta su última regata contra la goleta “Corona” el 27 de julio de 1901 la “América” conseguiría 12 victorias en 51 regatas.

Una réplica de la "América", diseñada por Olin Stephens, de Sparkman & Stephens, se botaba el 3 de mayo de 1967 en el astillero de Goudy & Stevens, en East Boothbay, Maine, USA.

 

Réplica de la

 

En julio de 2007, cuando el velero era propiedad del empresario italiano Filippo Molinari (en el pasado había pertenecido al que fuera presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza), visitó las aguas de Valencia y sorprendió por su belleza y diseño.

 

A día de hoy, la “América” sigue siendo un mito.


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Comentarios

  1. Desde luego que es preciosa. Lástima que acabara así, en el fuego. Por último, me ha sorprendido la anécdota de Ramón Mendoza.

    Náufrago — 20-05-2009 08:59:46


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