Navegante

30-03-2009 09:20:42

Buena vida en tiempos de crisis. Llega la Clase J


La siguiente etapa en la evolución de los barcos de regatas comenzó con yates de pequeñas esloras como el "Gloriana", diseñado por Nat Herreshof en 1.891. Su quilla profunda y corta conseguía reducir el rozamiento y maximizar el par de adrizamiento, es decir la estabilidad. Su gran alargamiento, que permitía aumentar la flotabilidad al producirse escoras, resultó revolucionario. Marco una época que duraría unos 70 años hasta mediados del siglo pasado. Sus líneas aventajaban netamente a los diseños anteriores, pero estas ideas llevadas al extremo condujeron a barcos débiles y caprichosos, con quillas muy cortas y poca maniobrabilidad, al quedar el timón muy cerca del centro de deriva en la quilla.

 

Gloriana 1891

 

Pero la verdadera historia de estos barcos comienza en 1851, cuando se presenta en Gran Bretaña el velero norteamericano "América" con la intención de competir contra los grandes yates ingleses. Aunque en principio es rechazado en todas las regatas, acaba por ser admitido en la Copa de las Cien Guineas, que se disputaba en torno a la isla de Wight. Para horror de los británicos, el "América" ganaría la regata y su nombre designaría, a partir de eso momento, a una de las competiciones deportivas de mayor prestigio de la historia.

 

En sucesivos desafíos, los barcos norteamericanos irían logrando victorias como consecuencia de la desigualdad de las embarcaciones. En 1930 se hace evidente la necesidad de establecer una nueva regla que permitiera clasificar las embarcaciones y fijar condiciones similares para la organización de regatas. Nació así la American Universal Rule que clasificaba los barcos fundamentalmente según su eslora en flotación, medida que repercute en su velocidad.

 

Cuenta la leyenda que en 1931 el rey Jorge V de Inglaterra le preguntó a un periodista por qué los barcos de la Copa América llevaban una J escrita en las velas. El reportero se apresuró a explicarle al monarca que la letra se refería al tamaño de los barcos según la Regla Universal norteamericana. Entonces el rey sonrió y replicó: «Deberían llevar una A». «¿Por qué?», se atrevió a cuestionar el reportero extrañado por el comentario. «Una A por adulterio», aseveró jocoso el monarca. Conocía muy bien a todos los armadores de la clase, sabía que sus rivales en regata y siervos cercanos en el club eran unos vividores. Con su estilo 'bon vivant', aquellos millonarios le dieron vida y color a la 'edad de oro' de la Copa América, la de los famosos y siempre admirados veleros Clase J, el orgullo de los océanos entre 1930 y 1937.

 

Los armadores de la Clase eran unos personajes muy particulares. Mientras el mundo se hundía con el 'crack' del 29, ellos gastaban hasta un millón de libras por unos barcos construidos en acero, en el caso de los ingleses, y en una aleación de bronce, en el de los americanos. Muchos se habían visto involucrados en sonoros escándalos y estaban divorciados, lo que les impedía, por ejemplo, acudir a la carrera de caballos más famosa del mundo, la Royal Ascot.

 

Royal Ascot en 1934

 

Algunos ni siquiera eran miembros de la Royal Yacht Squadron para la que competían. Eran nuevos ricos, burgueses que poco tenían que ver con la estirada aristocracia británica. Sus nombres aún resuenan hoy por hoy en toda buena barra de bar que se precie: Lipton, Guinness, Hennessy y algunos de ellos a bien seguro nos habrán de visitar.

 


Trackbacks

Trackback URL para este post

Comentarios


Recordar datos


LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009