Navegante

24-10-2007 13:31:01

Moken: Una Vida en el Mar

Categoria: El marNavegante

Esta tribu probablemente fuera la primera en habitar esta región del planeta aunque su origen es, todavía hoy, incierto. Algunos lo sitúan en las Islas Esmeralda. Estos nómadas marinos, a los que algunos denominan “gitanos del mar”, recorren la zona de influencia del mar de Andamán, que se conecta con el Océano Indico, y que incluye a Tailandia, India, Myanmar (Birmania), Indonesia y Malasia.





Viajan en sus kabang (barco) durante siete u ocho meses al año, volviendo a tierra de junio a octubre pasa resguardarse del monzón. Durante este tiempo, construyen en playas remotas chozas temporales con bambú y hierba, reparan sus barcos y construyen otros nuevos para los jóvenes.



El kabang hace las funciones de casa, vehículo de transporte, herramienta de pesca, lugar de nacimiento e, incluso, sitio donde morir. Para construirlos utilizan el tronco de árboles como el rakam o el mai pan, con lo que consiguen que tenga un peso adecuado.





El tronco seleccionado se vacía y se talla hasta darle la forma adecuada, después se sumerge en agua y se calienta para que la madera crezca. Posteriormente, los bajos se “asan” con madera de tanai para ennegrecerlos y así protegerlos de la influencia marina. La vela se fabrica con hojas de pandanus (pandano). Este proceso, mezcla de arte y de ciencia, se transmite de generación en generación, perpetuando esas experiencias y habilidades ancestrales.




Los moken vagan de isla en isla en grupos de media docena o más de barcos, cada uno propiedad de una familia, por lo general de tres generaciones. Usan redes, trampas y lanzas para capturar pescados, langostas, pepinos de mar y otros moluscos, pasando mucho tiempo zambulléndose en el mar, lo cual ha provocado que dispongan de una característica singular.




Anna Gislén, de la Universidad sueca de Lund, presentó el año pasado un trabajo científico titulado “Visión subacuática avanzada en una población de gitanos navegantes” (Current Biology, 13:833). Expertos buceadores, estos pueblos han logrado desarrollar incluso una agudeza visual muy superior a la de cualquier occidental. Gislén pudo averiguar que, aunque las pupilas de la mayoría de la gente se dilatan bajo el agua, las de los moken se contraen. Es como una cámara de fotos, explica la doctora Gislen, «cuando la apertura es más pequeña aumenta la capacidad de enfocar». ¿Adaptación darviniana? Tantos años viviendo del mar podrían haber ido seleccionando a los moken que, por variaciones genéticas aleatorias, contraían sus pupilas al sumergirse. Sin embargo, nuevas experiencias demuestran que es suficiente con entrenamiento para conseguir ese aumento en la agudeza visual.



Lo que obtienen del mar se utiliza para su propio consumo y el resto, secado en los techos de paja de sus barcos, se destina para la venta en los mercados de las ciudades donde alguna vez acuden para comprar arroz (componente esencial de su dieta), aceite, combustible para sus kabang (antes navegaban exclusivamente a vela) o redes.




Sus prácticas son percibidas por las autoridades como contrarias a la conservación natural y causantes de deterioros medioambientales. Nada más lejos de la realidad, según ha podido comprobar la UNESCO. Según diversos investigadores, utilizan cerca de 80 especies vegetales para alimentarse, 28 para curarse, 53 para construir y otras 42 con distintos fines, como la fabricación de objetos artesanales. El morloon, una planta local, se emplea para hacer un fuego cuyo calor sirve para curar a las mujeres después del parto. La corteza del yaa thale se mezcla con agua hervida y se utiliza para bañar a los niños enfermos. Con el pandano también fabrican esteras y cajas de artesanía.




Actualmente, la sociedad moken trata de anteponer su identidad e ideología a las exigencias de un doble desafío. Por un lado, mantener su nomadismo para escapar de la influencia del Islam y que así perviva su culto animista y, por otro, aceptar el intercambio comercial para conseguir el arroz. Al igual que sus antepasados, que migraron de las poblaciones marítimas de las costas de Malasia, de Tailandia y de Myanmar, se resisten a establecerse de forma sedentaria y luchan con las autoridades para no ser recolocados en un pueblo permanente en la isla Pu Nala.

Los moken de Tailandia han sido “confinados” en el parque Nacional de Koh Surin, que se compone de cinco islas con grandes formaciones de coral, paraíso de los buceadores.



Además de encontrarnos en sus aguas con los peces mariposa, peces ángel, peces loro y rayas de puntos azules, las islas están habitadas por unos 160 moken. Las autoridades le han impuesto limitaciones en materia de pesca y utilización de los recursos naturales. En estas circunstancias sólo desean tres cosas en la vida: un tarjeta nacional de identidad (en la provincia de Phang-nga, en el sur de Tailandia, se niegan a otorgarles la ciudadanía pues temen la venida de otros moken de Myanmar), asistencia médica, y un empleo en el parque. Pero las ganancias obtenidas de bucear para extraer moluscos, vender artesanía a los turistas, trabajar como guardas de embarcaciones y recoger basura en el parque apenas alcanzan para su subsistencia. Obligados a llevar una vida sedentaria, permaneciendo en una localidad fija, aún con el fin de intentar mejorar su nivel de vida, cambiamos su cultura.




El turismo en la zona empezó a crecer, poniéndolos en contracto con un universo totalmente desconocido para ellos. Sus modos de vida y de cultura se vieron seriamente amenazados. Algunas empresas turísticas usan a esta tribu como un zoo humano. Los niños piden a los turistas y, pese a los intentos de los representantes gubernamentales por llevarlos a la escuela, anhelan poder seguir navegando junto a sus padres como lo han hecho desde siempre.

El 26 de diciembre, media hora después del seísmo que originó el tsunami que asoló toda la zona, la aldea de Surin que estaba construida sobre la playa, resultó destrozada.



Pero cuando llegó la ola y lo arrasó todo, la tribu ya se había refugiado en las montañas, pues entre sus tradiciones está la de saber que siempre puede venir una gran ola, y la de reconocer los síntomas de la catástrofe: una retirada rápida y excesiva de la marea. Puede verse una entrevista en inglés comentando la noticia.




En el número de Abril 2005 de National Geographic, Jacques Ivanoff que, siguiendo los pasos de su padre Pierre, ha dedicado casi 20 años de su vida a estudiar al pueblo moken, nos cuenta sus experiencias y temores: “es urgente evitar el asentamiento permanente de los nómadas que puede resultar de los programas de reconstrucción. La ayuda internacional es colosal, en términos de medicina, de logística, de medios, pero no en términos de cultura. Son moken antes de ser refugiados, tienen una cultura que hay que respetar y no dejar perder".


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  1. [...] moken, os aconsejo que echéis un vistazo a la serie de artículos que sobre este pueblo y, sobre todo, sus embarcaciones (los kabang) iré publicando en Argonauta. 0 comentarios @ 0trackbacks Trackbacks Trackback URL pa [...]

    Navegante — 2008-03-10 18:44:01

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